Alianzas de la educación superior por el desarrollo sostenible
18 octubre, 2017
Mostrar todo

Una nueva universidad ante una nueva economía

Es bien conocido que las sociedades más avanzadas son aquellas en las que el conocimiento está más presente en el conjunto de sus actividades, algo que vemos cuando observamos que son precisamente los países más competitivos los que cuentan en su economía con un mayor peso de las llamadas actividades basadas en el conocimiento en porcentaje de su Producto Interior Bruto (PIB), y ello claramente significa mayor capacidad de generación de riqueza y empleo de calidad.

Y es cierto, que si bien en el caso de España como en muchos países del área latinoamericana se viene avanzando en este terreno nos encontramos todavía lejos de lo que estas actividades representan en los países más avanzados donde tienen un peso superior al 70%, mientras que por ejemplo en el caso de nuestro país se sitúa en el entorno del 55% (IVIE 2013).
Lo que ha llevado a esas economías a ser más avanzadas gracias a un uso más intensivo del conocimiento, deriva de hechos como que su actividad emprendedora ha sido más innovadora, gracias al uso que hacen del conocimiento generado y a la incorporación de las tecnologías más avanzadas, algo que ha sido claramente propiciado por su capacidad de generación de conocimiento gracias al nivel de desarrollo e implicación de sus sistema educativo y de ciencia, como muestra la elevada correlación entre competitividad, PIB per cápita , gasto en educación y en I+D (Juliá et al.. 2015).

Ya en el año 2000 la llamada Estrategia de Lisboa, pretendía orientar el crecimiento económico de Europa sobre la base al desarrollo de una economía del conocimiento, pero no solo para tener una economía inteligente más competitiva también pensando que debemos perseguir como ya han señalado algunos ilustres economistas como el premio nobel Joseph Stiglitz una economía con valores (Stiglitz 2010). Hoy la denominada Estrategia Europea 2020 insiste en que debemos priorizar un crecimiento inteligente basado en la educación, investigación e innovación, pero a la vez un crecimiento sostenible e integrador , basado en el respeto medioambiental y la cohesión social y territorial . En este marco surge el programa RIS 3 de la Unión Europea (Regional Innovation Strategy for Smart Specialization) para un crecimiento inteligente sostenible e integrador, derivado de la innovación y el conocimiento como elementos claves.

Es en este contexto es donde resulta fácil entender que la universidad y la investigación se configuran como elementos centrales y estratégicos para nuestro desarrollo, como han entendido los países más avanzados, donde su crecimiento se ha visto favorecido por un excelente y comprometido sistema universitario al que han dotado de la debida suficiencia financiera en sus presupuestos, y un nivel de gasto en I+D que ha venido creciendo además en los últimos años, aun con la grave crisis económica global que se inició en 2008 al entender que precisamente esa era la mejor forma de lograr una economía con mayor capacidad de respuesta a los efectos negativos derivados de ella. En un reciente informe de la Fundación COTEC se señalaba como en el conjunto de la UE desde el inicio de la crisis se gastaba un 25% más en I+D, mientras en algunos países, entre ellos España, por ejemplo , veía disminuir en su economía la I+D en un 10% (COTEC 2017), y no podemos olvidar que hoy la media de gasto en I+D es en la OCDE del 2,34% y mucho más si hablamos de algunas de las economías más avanzadas USA, Alemania, Japón , países nórdicos europeos y algunos de los países emergentes de Asia, cuando es difícil encontrar países hispanoamericanos que superen tan solo el 1% del PIB en I+D, así en el caso de España es del 1,22% de su PIB en 2016.

Top