Etapas y Realizaciones en la Formulación de las Políticas de Educación Superior

C – Visión desde la Ascún de los principios, guías y mecanismos que sustentan los procesos de acreditación (guías para la acreditación)

Dada la importancia y el impacto que ha tenido el establecimiento del Sistema Nacional de Acreditación, es pertinente señalar los principios, criterios y procesos que se previeron desde un comienzo y que fueron sintetizados por la Ascún de la siguiente forma:

Guías para iniciar el proceso de acreditación desde las instituciones de Educación Superior


“HACIA UNA CULTURA DE LA AUTOEVALUACIÓN UNIVERSITARIA”

Autoevaluación y autorregulación

El logro de la acreditación universitaria es el resultado de la creación en cada universidad de una cultura de la autoevaluación y la autorregulación. Se entiende por autoevaluación el proceso de análisis y reflexión que permite señalar cuáles son los estándares de calidad a los que puede y debe aspirar la universidad en un momento dado y la verificación de cuál es la situación de la entidad en relación con dichas metas; y por proceso de autorregulación el control permanente que se ejerce dentro de la misma universidad para vigilar el cumplimiento de las medidas y decisiones que se tomen a fin de corregir las debilidades, superar las limitaciones y alcanzar las metas previstas.

La autoevaluación y la autorregulación no ocurren en un espacio vacío. Se dan en instituciones que tienen sus propios valores, expectativas, autoimagen; su propia filosofía y sus propias formas de organización y de comportamiento social. Por lo tanto, no pueden establecerse dichos procesos al margen de los esquemas culturales existentes en cada universidad. Tampoco puede estar ausente para el establecimiento de estos procesos la consideración de las situaciones históricas, económicas y sociales que circunscriben y constituyen el marco de acción y de posibilidades en que se mueve y vive dicha institución de Educación Superior.
Como para el logro de la acreditación es necesario comprobar que la autoevaluación forma parte de la cultura académica, es necesario reflexionar sobre las implicaciones que tiene la utilización del término ‘cultura’ en el ámbito de la estructura universitaria.

Cultura académica y cultura de la autoevaluación

La cultura tiene que ver con los diferentes sistemas de valores, de lenguajes y procesos de comunicación, y de aspectos organizacionales que son propios de un grupo o de una organización social. La cultura es permanente y abarca todos los aspectos de la vida y del comportamiento de los grupos sociales. Tiende a enriquecerse con la asimilación de las experiencias vividas y participadas por los miembros del grupo, quienes la guardan en forma de experiencias y saberes incorporados. Moldea la óptica con la cual los grupos interpretan su medio ambiente y se afianza en la medida en que prueba su eficacia para transformar el mundo y aprovechar los recursos disponibles.

Entre múltiples acepciones que ha recibido el término se destaca la cultura eidética o axiológica, que incluye lo relativo a las creencias, los mitos, los sistemas morales y éticos que rigen las costumbres y comportamientos propios de cada agrupación social. Se da también la cultura simbólica o de comunicación, que se refiere a elementos tan importantes como el lenguaje, las formas de expresión, los sistemas de interrelación entre las personas y los grupos, y los sistemas o formas de información. Se hace también referencia a la cultura organizacional, que tiene que ver con los procedimientos, metodologías y sistemas de ordenamiento que permiten la utilización de los recursos existentes y su aplicación al cumplimiento de los objetivos propios de cada grupo.

Decir, por lo tanto, que hay una cultura académica, es reconocer la existencia e integración de los aspectos axiológicos, simbólicos y organizacionales dentro de un sistema universitario. La cultura axiológica se expresa en la misión de la universidad. La cultura simbólica se manifiesta en el denominado currículo académico, entendido como el espacio de convergencia entre la producción del conocimiento (investigación), la transferencia del conocimiento (docencia) y la apropiación del conocimiento (aprendizaje). La cultura organizacional se refiere a las normas y procedimientos que rigen las relaciones entre los miembros de la comunidad académica y que racionalizan los procesos de utilización de los recursos humanos, físicos y financieros de la universidad.

La cultura de cada universidad se enriquece a medida que el ente académico cumple sus objetivos educativos y sociales, y se configura como un baluarte de pensamientos, actitudes y creencias que influencia la totalidad de sus programas y alimenta la totalidad de sus realizaciones. Dado que la cultura universitaria se construye en el proceso cotidiano de acumulación de saberes y experiencias académicas, y dado también que se configura alrededor de la producción, transmisión y utilización de la ciencia y el conocimiento, las modificaciones que se pretenden realizar son difíciles de implementar y requieren del manejo de delicados procesos de cambio cultural, uno de los cuales es el de la autoevaluación permanente.

Preguntarse por la posibilidad de una cultura de la autoevaluación universitaria es dar un paso en el sentido del cambio y del enriquecimiento de una cultura universitaria tradicional. Es referirse y aceptar la posibilidad de institucionalizar los procesos de análisis, introspección y modificación de la cultura universitaria en sus diferentes aspectos, a saber: su misión, su currículo y sus sistemas organizacionales, teniendo en cuenta principios de calidad y excelencia educativa. Es admitir el beneficio de la duda sobre los niveles de cumplimiento de los objetivos educativos y sobre los mecanismos establecidos y aceptados, bajo la pretensión de que si bien los objetivos se pueden estar cumpliendo en forma adecuada y los recursos se pueden estar utilizando en forma aceptable, es posible rediseñarlos y redistribuirlos en función de un mejoramiento de la calidad educativa y del logro de altos niveles de calidad en la formación integral de las personas. Es, en suma, aceptar la necesidad de redefinir la misión, repensar el currículo y rediseñar la organización para agregar nuevos valores a los procesos educativos y cumplir así en forma más eficiente los objetivos propios de la universidad.

La estructura axiológica de la universidad

Los valores que constituyen la estructura axiológica de una universidad, y que podrían ser objeto de cambio, reafirmación y enriquecimiento como resultado de un proceso de autoevaluación universitaria, son, entre otros:

  1. La autonomía universitaria. Los valores de orientación filosófica e ideológica propios de cada institución en lo que se refiere al sustento de la autonomía institucional y a la función del Estado en relación con el control y vigilancia de la educación.

  2. La naturaleza jurídica. Los valores de origen histórico que surgen como consecuencia del acto fundacional, o de creación y establecimiento de la institución universitaria (sectores público y privado).

  3. La intencionalidad educativa. La orientación u opción académica de la universidad, en relación con dos ejes fundamentales: el de humanismo-tecnología y el de docencia-investigación.

  4. La filosofía de la educación. La filosofía educativa propia de la universidad, señalando entre muchos aspectos aquellos que se relacionan con el balance entre enseñanza y aprendizaje, manejo individualizado o formalizado de la educación, educación abierta, educación continuada, educación permanente, formación para el aprendizaje, desarrollo de medios y tecnologías educativas, informática, telemática, campus virtual y procesos de evaluación académica.

  5. Los principios de calidad de la educación. La concepción que tenga la universidad sobre los conceptos de calidad de la educación y excelencia académica (estándares de calidad, sistemas de control y supervisión de la calidad, niveles esperados y posibles de excelencia académica, gerencia de la calidad y del servicio educativo).

  6. La concepción de ciencia e investigación. La concepción de la ciencia que prevalezca en la universidad y la función que esta defina como prioritaria en relación con la ciencia y la búsqueda y transmisión del conocimiento (investigación pura, investigación aplicada, relación docencia-investigación, difusión de la investigación, transferencia tecnológica).

  7. Los principios de autoridad y participación. La naturaleza de las relaciones de autoridad y los valores de ella dependientes, tales como: representación de los diferentes estamentos en la toma de decisiones, los canales y mecanismos de participación, la organización de canales de comunicación e información entre los diversos niveles de la organización, el manejo del recurso humano y los sistemas de mantenimiento y promoción del personal académico y administrativo.

  8. La función social de la universidad. La concepción sobre el rol social de la universidad y sus relaciones con el entorno socioeconómico y sociohistórico, en lo que respecta a factores de criticidad, innovación, cambio, prestación de servicios y creación de nuevas opciones sociales.

  9. Los sistemas de relaciones internas. La concepción sobre la función de la universidad con relación a las personas —estudiantes, profesores, administradores— en lo que se refiere a su formación integral, humanística, profesional, y el desarrollo del potencial humano.

  10. Los sistemas de relaciones con el entorno. La autoimagen y el posicionamiento de la institución universitaria en lo que se refiere a sus grupos de referencia, y las actividades que considera pertinente desarrollar en función de sus constituyentes, los sectores de la comunidad en los niveles locales, regionales o nacionales, los grupos profesionales, los gremios del trabajo y de la producción, y los empleadores y egresados.

  11. La transparencia de la información. La forma de concebir la responsabilidad social en cuanto tiene que ver con la claridad y transparencia de la información, y el mantenimiento de canales permanentes de comunicación de doble vía: con y para la sociedad.

  12. El trabajo en equipo. El valor que se le adscribe al trabajo en equipo en los niveles institucionales, personales y grupales; y a la participación en redes de investigación, intercambio y transferencia, con entidades pares y otras organizaciones sociales en los niveles nacionales e internacionales.

  13. Documento de políticas

    Para iniciar el proceso de autoevaluación conducente a la acreditación es necesario partir de una clarificación y explicitación propia y autónoma de los valores arriba señalados, que permita su concreción en forma de una ‘declaración de principios’ (documento de políticas de acción), lo que conducirá necesariamente al reconocimiento de la necesidad que tiene cada institución de vigilar su cumplimiento mediante actividades, procesos y mecanismos claramente definidos (plan de evaluación y autorregulación).

    Se crea así la cultura de la autoevaluación como un esquema permanente de actitudes y comportamientos institucionales, construido a partir de los principios rectores de cada universidad, coherente por lo tanto con el cumplimiento de su misión educativa, crítica e investigadora, en ejercicio directo de la autonomía y responsabilidad que le son propias e inalienables.

    El conjugar los términos de cultura y autoevaluación tiene la condición de algo permanente, estable e institucionalizado, que se repite una y otra vez y que entra a formar parte de la rutina misma de la vida universitaria. Cuando los eventos de evaluación ocurren en forma circunstancial y esporádica no constituyen una cultura, y no son por lo tanto garantes de una verdadera acreditación. Esto significa que hay que actualizar permanentemente la misión de la universidad y ver que sus objetivos se cumplan en todas las actividades y programas. Significa también que es necesario revisar permanentemente el currículo de los programas universitarios. Y significa además que es necesario controlar, revisar y perfeccionar los procesos organizacionales mediante la utilización de las metodologías propias de la planeación estratégica y del control de la gestión universitaria.


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