Etapas y Realizaciones en la Formulación de las Políticas de Educación Superior

Responsabilidad universitaria

Para el cumplimiento de los objetivos de producción y difusión en el conocimiento científico la universidad y las demás instituciones de Educación Superior cumplen tradicionalmente tres funciones: investigación, docencia y extensión. Teniendo en cuenta la naturaleza de estas funciones, el concepto de la responsabilidad universitaria adquiere doble significado: por una parte, es preciso trabajar en el logro de la eficiencia interna en el cumplimiento de las funciones universitarias, lo que se denomina gestión de la calidad universitaria; por otra, es preciso asegurar que el cumplimiento de las funciones se realice en el ámbito de los requerimientos y la dinámica de la sociedad, lo que se denomina “pertinencia”, es decir, de acuerdo con las condiciones y características de evolución de la sociedad.

La posición de la Ascún sobre el tema de responsabilidad social universitaria y su relación con las funciones universitarias (investigación, docencia y extensión) quedó claramente expuesta y sintetizada en el documento “Ascún: 50 años construyendo pensamiento universitario”:

    La síntesis que se realizó cubre como temas pertinentes a la RSU los siguientes:

    1.º. Acceso a la sociedad de la información. Por lo que corresponde al acceso a la sociedad de la información y el conocimiento, en el documento de la Ascún se afirma que la RSU se concreta en “la necesidad de ofrecerles mayores oportunidades de movilidad social a nuestros jóvenes bachilleres a través de la Educación Superior, lo que ha sido permanente preocupación de la universidad colombiana y por eso [la] Ascún ha sido respetuosa y ha defendido la diferenciación de las instituciones de este sector educativo”

    2º. Construcción de capital humano. En la construcción de pensamiento universitario sobre el tema de la construcción del capital intelectual (o como actualmente se dice en el Plan de Desarrollo, “de la construcción del capital humano”), [la] Ascún reconoce que este es un asunto vital que compromete la totalidad de la acción universitaria. Al efecto, se afirma: “La universidad es el ente responsable de la generación, aplicación y difusión del conocimiento; esa es la principal responsabilidad que la sociedad le ha legado […] En esta dirección, le corresponde asumir su primer gran compromiso en cuanto hace referencia a la responsabilidad social universitaria: aportar su capital intelectual al activo de mayor riqueza y de mayores posibilidades de una comunidad. Esta riqueza conforma un patrimonio social y cultural determinante en la construcción del destino de los pueblos”.

    La construcción de ese capital humano, que es a su vez capital social y cultural y un activo económico para la transformación de la sociedad, en la coyuntura actual implica para la universidad colombiana definir con mayor claridad su función triple de formación, investigación y extensión en los temas propuestos en el Plan de Desarrollo Nacional.

    3.º. La consolidación de un sistema de servicio social en la Educación Superior. El documento de [la] Ascún, en lo que se refiere a esta área, abarca los siguientes aspectos:

    La extensión universitaria como diálogo de saberes: “El diálogo de saberes para contribuir a la solución de los problemas del entorno, se concibe elevando la capacidad de autogestión, de un lado, y el aprendizaje y la transformación interna de las dimensiones sustantivas universitarias, por el otro […] La extensión universitaria, concebida como un intercambio de saberes, no es vista como un acto de caridad, sino un ejercicio de enriquecimiento mutuo para que la universidad se haga más pertinente, vinculada con los principales problemas sociales, nacionales y regionales”.

    El programa de servicio social en la Educación Superior: “La consolidación de un sistema de servicio social en la educación se refiere a los programas y servicios que ofrece la universidad a las comunidades y que se derivan de la necesidad de formación en diferentes disciplinas […] Con apoyo del MEN se ha venido promoviendo el Programa de Servicio Social en la Educación Superior, cuyo objetivo es aportar desde la academia al mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades con mayores necesidades sociales y en situación de inequidad”.

    El voluntariado universitario: “Así mismo, el voluntariado universitario, con menores desarrollos en el orden nacional, también ha recibido el apoyo por parte de la Asociación y ha promovido redes que vinculan y forman a los estudiantes y que fomentan la actividad en las universidades”.
    La promoción del emprendimiento como vínculo entre la universidad y la empresa: “[La] Ascún ha venido enfatizando en los últimos años el esfuerzo de la responsabilidad social a partir de la promoción del emprendimiento, a través de cátedras de creación de empresas en las universidades y del impulso del servicio social y del voluntariado que prestan los estudiantes y los docentes […] El énfasis en la promoción del emprendimiento ha estado marcado por la ética en los negocios y el fomento de principios y valores que deben ser practicados por una organización […] El efecto de la acción universitaria es la creación de las actitudes necesarias para el establecimiento de actividades empresariales”.

    4.º. El bienestar universitario como creador de un mejor clima institucional. “Desde 1962 [la] Ascún fomenta el bienestar universitario, inicialmente como una estrategia asistencialista para los sectores estudiantiles más desprotegidos, y más recientemente como una política general para la formación integral y el desarrollo humano de la comunidad universitaria. Dentro de esta dimensión del bienestar se destacan las actividades de cultura, deporte, recreación, salud; el mantenimiento de entornos universitarios adecuados para la práctica del enseñar y el aprender; el estímulo a la participación estudiantil en los procesos de toma de decisiones; y la creación de organizaciones y grupos a partir de la decisión de los propios estudiantes” (pp. 66-70)

La síntesis de las funciones universitarias (investigación, docencia y extensión) que fue realizada por Ortega y Gasset para el mundo hispánico, a comienzos del siglo XX corresponde a las tareas que se esperaban de la universidad en el auge de la era industrial. Estas siguen siendo válidas, pero con modificaciones en cuanto a su intencionalidad y a sus modalidades de cumplimiento en esta época denominada sociedad de la información y el conocimiento:

    En la organización de la enseñanza superior, en la construcción de la Universidad, hay que partir del estudiante, no del saber ni del profesor. La Universidad tiene que ser la proyección institucional del estudiante, cuyas dos dimensiones esenciales son: una, lo que él es: escasez de su facultad adquisitiva de saber; otra, lo que él necesita saber para vivir…

    Conste, pues: la Universidad es distinta, pero inseparable de la ciencia. Yo diría: la Universidad es, además, ciencia. Pero no un además cualquiera y a modo de simple añadido y externa yuxtaposición, sino que —ahora podemos, sin temor a confusión, pregonarlo— la Universidad tiene que ser antes que Universidad, ciencia. Una atmósfera cargada de entusiasmos y esfuerzos científicos es el supuesto radical para la existencia de la Universidad. Precisamente porque esta no es, por sí misma, ciencia —creación omnímoda del saber rigoroso—, tiene que vivir de ella.

    La ciencia es la dignidad de la Universidad, más aún —porque, al fin y al cabo, hay quien vive sin dignidad—, es el alma de la Universidad, el principio mismo que le nutre de vida e impide que sea solo un vil mecanismo. Todo esto va dicho en la afirmación de que la Universidad es, además, ciencia.
    Pero es, además, otra cosa. No solo necesita contacto permanente con la ciencia, so pena de anquilosarse. Necesita también contacto con la existencia pública, con la realidad histórica, con el presente, que es siempre un integrum y solo se puede tomar en totalidad y sin amputaciones ad usum delphinis. La Universidad tiene que estar también abierta a la plena actualidad; más aún: tiene que estar en medio de ella, sumergida en ella. (1976).

Los documentos preparatorios de la Conferencia Mundial de la Educación Superior (1998) acuñaron la expresión “investigación en el contexto de su aplicación” como la forma propia de entender la intencionalidad de la investigación universitaria en esta nueva era de la información y el conocimiento. Esto significa que lo mismo la investigación teórica que la investigación aplicada tienen que responder a las demandas de la sociedad, es decir, de cada grupo social en sus contextos específicos. Se hace además énfasis especial en la función universitaria de formación de los profesionales como investigadores, es decir, como ‘analistas simbólicos’, capaces de buscar y añadir conocimiento en el ejercicio mismo de sus tareas profesionales. O sea que las denominadas competencias investigativas forman parte de la naturaleza del ejercicio profesional:

El documento de Michael Gibbons, secretario general de la Association of Commonwealth Universities, a solicitud del Banco Mundial, para ser presentado como una contribución a la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior de la Unesco (1998), es un tratado sobre los cambios que requiere la universidad en el mundo, muy especialmente en Europa, pero también en los países en proceso de desarrollo, para responder a las exigencias de la sociedad del conocimiento. El tema de la sociedad del conocimiento se desarrolla en el documento mediante la descripción de las nuevas dimensiones que adquiere el conocimiento en esta época histórica, lo que implica una pluridimensionalidad de las funciones de las instituciones a cargo de la producción y transferencia del conocimiento; se señala luego cuáles son los agentes que intervienen en el cumplimiento de dichas funciones; se explicita para qué es pertinente el conocimiento; se señalan los factores que aceleran los cambios, para finalmente explicar cuáles son los resultados para los sistemas de producción y transferencia del conocimiento (entre ellos las universidades). La pertinencia del conocimiento —el sentido de lo que se entiende por “conocimiento útil”— se mide en razón de su capacidad para resolver problemas en contextos específicos, y por lo tanto de su posibilidad de abordar “el análisis de sistemas complejos”. Los conocimientos que abordan el análisis de problemas desde la óptica de una sola disciplina (unidisciplinares) tienden a ser menos pertinentes que aquellos capaces de abordar el problema desde la conjunción de varias disciplinas (interdisciplinares), o de aquellos que los abordan con configuraciones novedosas, resultado de la interacción y recomposición de los conceptos y las metodologías de varias disciplinas (transdisciplinares).

La función tradicional de docencia también, como resultado de las exigencias del contexto social, se descompone en sus dos dimensiones: el profesor que investiga, guía y transfiere conocimientos; y el estudiante universitario que se apropia el conocimiento y lo hace en forma constructiva:

    Todo aprendizaje constructivo supone una construcción que se realiza a través de un proceso mental que conlleva a la adquisición de un conocimiento nuevo. Pero en este proceso no es solo el nuevo conocimiento que se ha adquirido, sino, sobre todo la posibilidad de construirlo y adquirir una nueva competencia que le permitirá generalizar, es decir, aplicar lo ya conocido a una situación nueva.

    El modelo constructivista está centrado en la persona, en sus experiencias previas de las que realiza nuevas construcciones mentales, considera que la construcción se produce:

    Cuando el sujeto interactúa con el objeto del conocimiento (Piaget).

    Cuando esto lo realiza en interacción con otros (Vigotsky).

    Cuando es significativo para el sujeto (Ausubel).

    Una estrategia adecuada para llevar a la práctica este modelo es “el método de proyectos”, ya que permite interactuar en situaciones concretas y significativas y estimula el “saber”, el “saber hacer” y el “saber ser”, es decir, lo conceptual, lo procedimental y lo actitudinal.

    En este modelo el rol del docente cambia. Es moderador, coordinador, facilitador, mediador y también un participante más. El constructivismo supone también un clima afectivo, armónico, de mutua confianza, ayudando a que los alumnos y alumnas se vinculen positivamente con el conocimiento y por sobre todo con su proceso de adquisición.

    El profesor como mediador del aprendizaje debe:

    Conocer los intereses de alumnos y alumnas y sus diferencias individuales (inteligencias múltiples).

    Conocer las necesidades evolutivas de cada uno de ellos.

    Conocer los estímulos de sus contextos: familiares, comunitarios, educativos y otros.

    Contextualizar las actividades. (Tomado de: Monografías.com CAS, 2001)

Es decir, esta función se entiende como indagación y transferencia de conocimientos; y paralelamente como apropiación de los conocimientos, para hacerlos formar parte de la vida cotidiana, de tal manera que con la formación para la toma de decisiones y la adquisición de las pericias y habilidades correspondientes el aprendizaje se convierta en ‘competencias’ capaces de ser ejercitadas en el ejercicio profesional. Esta dimensión significa cambios en cuanto a los roles tradicionales desempeñados por los dos agentes del proceso de enseñanza/aprendizaje. Los alumnos no solo apropian conocimientos, sino que deben también indagar y transferir. El rol del profesor es el actuar como guía y orientador en el proceso de formar para la indagación y la transferencia, lo que a su vez implica que esté en constante actitud de apropiar él mismo nuevos conocimientos.

Tradicionalmente la función de extensión universitaria se ha considerado como prestación de servicios a las comunidades, a partir de las áreas disciplinarias propias de las facultades,

    La extensión como dimensión dentro de una práctica social orientada y regulada por valores y motivaciones para mantener presente el propósito universitario de contribuir con las transformaciones sociales, constituye el vínculo con su contexto y, por lo tanto, muestra que las IES son sistemas complejos en continua interacción con el medio social. (Ascún, Documentos de Trabajo de la Red Nacional de Extensión: Políticas de Extensión, 2008, p. 23)

con el doble propósito de formar a los estudiantes en el ejercicio de sus profesiones y de favorecer a las comunidades en áreas estratégicas o de carencia y vulnerabilidad, con apoyo profesional pertinente. Los requerimientos del nuevo modelo de universidad propio de la sociedad de la información y el conocimiento reconocen esta forma de extensión, pero enfatizan el diálogo de saberes que se da entre la universidad y su contexto social. La extensión no es solo la prestación direccionada de un servicio desde la universidad, sino principalmente el espacio y la ocasión para favorecer la transmisión de saberes, teniendo como premisa el saber incorporado que existe en las comunidades. Es decir, es un momento en que la universidad no solo comunica, sino que aprende, y al hacerlo reconoce los valores existentes en el medio social. En este procedimiento de comunicación de doble vía,

    La interacción social hace referencia al intercambio dinámico de conocimiento, en sentido dialógico, entre los agentes académicos y sociales, y supone por tanto la implicación activa de los participantes. En este marco, los procesos de extensión se inscriben en espacios de comprensión de los sentidos y significados de los escenarios sociales y de los sujetos que intervienen. Los agentes académicos y los diversos agentes sociales, en un proceso de relación directa con las problemáticas sociales, dejan entrever la forma en que ellos están interpretando y actuando en su cotidianidad y problemáticas. (Ascún, Documentos de Trabajo de la Red Nacional de Extensión: Políticas de Extensión, 2008, p. 24)

se da además como resultado el incremento del reconocimiento y la legitimación de la universidad como un agente social que opera en beneficio de la colectividad.

Estas modificaciones en la intención y direccionalidad de las funciones universitarias concretan la modalidad de pertinencia como expresión de la responsabilidad universitaria, para obrar de acuerdo con los requerimientos, dinámica y evolución de la sociedad actual. La universidad debe ser consciente de que se está gestando una nueva sociedad y de que en el ejercicio de una responsabilidad con pertinencia social debe adecuarse como institución para desempeñar un papel predominante en la construcción de esas nuevas realidades.

    Lo correcto es ser consciente hoy de que: a) se está gestando un nuevo mundo; b) hay diversos mundos posibles resultado de ello; c) el mundo que acabemos teniendo será el resultado de la evolución incierta de un sistema complejo, del cual la humanidad es uno de sus subsistemas motores y, por lo tanto, conformadores, más importantes y determinantes. Si una crisis paradigmático-civilizadora alumbra un cambio de mundo que puede resolverse en diversos escenarios posibles, entonces es esencial analizar cuáles podrían ser estos posibles escenarios, estos posibles otros mundos y actuar en relación al que el conjunto de la sociedad desee (Xercavins, 2008). Es evidente que las implicaciones de este contexto para la educación en su conjunto son enormes. Es evidente también que poner a disposición el conocimiento existente y generar conocimiento al servicio de la construcción de un modelo de civilización debería ser una tarea prioritaria para las instituciones de Educación Superior, que debería realizarse en alianza con la sociedad en su conjunto. Estos cambios son suficientemente relevantes como para plantear cuál debe ser el papel de la Educación Superior en esta nueva época, así como su contrato social. Se dan, pues, las circunstancias suficientes para animar un análisis crítico y constructivo sobre el rol de la Educación Superior en el mundo. (Global University Network for Education, 2009, 222 pp.)

Conocimiento pertinente, diálogo de saberes y responsabilidad universitaria

La tarea académica para la construcción de las nuevas realidades de la sociedad del conocimiento se realiza como un diálogo de saberes, y puede definirse como un intercambio de conocimientos entre la universidad y el contexto social;

    Según Peter Drucker, las características básicas de la sociedad del conocimiento son:

    1.o. El conocimiento se ve a la vez como el recurso personal clave y como el recurso económico clave. Los tradicionales factores de la producción —la tierra—, es decir los recursos naturales, el trabajo y el capital, no han desaparecido, pero han pasado a ser secundarios. Se pueden obtener fácilmente siempre que se tenga conocimiento. Y el conocimiento en este sentido es conocimiento como instrumento, como el medio de obtener resultados.

    2.o. Hoy se está aplicando conocimiento al conocimiento. Este es el tercer paso y tal vez el último en la transformación del conocimiento. Proporcionar conocimiento a fin de averiguar cómo aplicar el que ya existe para obtener resultados es, en realidad, lo que entendemos por administración.

    3.o. Pero el conocimiento también se está aplicando en forma sistemática y deliberada para definir qué nuevos conocimientos se necesitan. La cuestión es: si algo es factible, ¿cómo hacerlo eficaz? En otras palabras, se está aplicando el conocimiento a la innovación sistemática.

    4.o. Que el conocimiento se haya convertido en el recurso, más bien que en un recurso, es lo que hace a nuestra sociedad poscapitalista. Cambia fundamentalmente la estructura de la sociedad. Crea una nueva dinámica social. Crea una nueva dinámica económica. Crea una nueva política. (Drucker, 1994)

en el cual ambos se constituyen en agentes para la búsqueda y transferencia de los conocimientos y por lo tanto en receptores y usuarios de los beneficios que comportan dichos saberes. Tanto la universidad como la sociedad, cada una a su manera, investigan, acumulan, transfieren, apropian y utilizan conocimientos. El diálogo de saberes se da por lo tanto en los procesos paralelos que tanto la sociedad como la universidad ejecutan para la gestión del conocimiento.

La investigación que realiza y la consecuente producción de conocimiento que desarrolla la universidad se ejecuta de acuerdo a los principios y fundamentos de las disciplinas científicas que están conformadas tanto por los hallazgos de proyectos concretos de indagación como por las leyes generales y principios que de ellas se derivan. La generación de conocimiento a nivel de la sociedad está conformada por el acervo cultural de experiencias que se institucionalizan a través de la tradición y se renuevan permanentemente en las rutinas de la vida cotidiana. El diálogo, por lo tanto, debe darse entre el saber científico alcanzado por la universidad y la tradición cultural acumulada por la sociedad

Los procesos de transferencia del conocimiento en el ámbito académico constituyen la base de los diseños curriculares y de los planes de estudio propios de formación en las diferentes disciplinas y saberes. En el ámbito social son los medios de transferencia cultural y de comunicación social establecidos, amén de las pautas específicas de cada institución social, los que sirven para socializar y reproducir los saberes propios de cada tradición y cada conglomerado humano. En la relación entre el currículo académico y los medios de transmisión cultural es necesario que se encuentren elementos de diálogo y convergencia. Es lo que se ha denominado la compatibilidad entre currículo académico y currículo social.

El proceso de apropiación del conocimiento en el mundo académico se conoce como formación disciplinar y aprendizaje traducido en competencias profesionales, laborales y sociales. El proceso de apropiación de los valores propios de cada sociedad y de su socialización o conversión en pautas de pensamiento, actitudes y comportamientos se conoce como socialización y es labor de todos los agentes e instituciones sociales. Se realiza en la familia, las instituciones educativas, las organizaciones laborales, empresariales, económicas, políticas, religiosas y culturales de diferente orden. El diálogo, por consiguiente, tiene que establecerse entre la formación para las competencias y los procesos previos de socialización que anteceden a dicha formación.

La utilización del conocimiento, en especial el logrado mediante la aplicación del método científico, se convierte en uso y aplicación de tecnologías para la transformación del mundo y de las realidades sociales, o de innovaciones, o sea de modificar paradigmas y pautas de comportamiento que muchas veces chocan y tienden a ser rechazadas por los saberes culturales incorporados en las comunidades y agrupaciones sociales. La aplicación del conocimiento tiende a ser base del progreso de una sociedad, pero con frecuencia destruye saberes incorporados que tienen sus propios valores y a la postre no solo pueden calificarse como pérdida, sino que por su desaparición o relegación pueden ser causa de efectos secundarios no deseados. El diálogo de saberes en este nivel tiene que enfrentar los problemas de resistencia al cambio y lograr el encuentro de caminos para facilitar el progreso social, económico y cultural.

La transferencia del conocimiento científico presenta hondos baches en la gestión de la academia. Un buen investigador no es siempre un buen profesor, aunque necesariamente un buen profesor tiene que saber investigar. El que maneja los conceptos y teorías más profundas no siempre dispone del buen juicio o las pericias para aplicarlas: es decir, para transferir tecnologías y difundir innovaciones. Los que trabajan en la aplicación de la ciencia y la tecnología, o los que hacen la extensión universitaria, no son siempre los mejores conocedores de los principios, disciplinas y metodologías que transfieren.

Es decir, en la construcción del conocimiento pertinente existen baches y múltiples modalidades que deben ser afrontadas en el diálogo de saberes por la academia, con responsabilidad evaluativa, capacidad de análisis y voluntad de generar conocimiento sobre los procesos de transferencia del conocimiento. Así entonces, el conocimiento pertinente se logra en el saber sobre el propio conocimiento. Hacer universidad es por lo tanto saber conjugar la investigación con la docencia y la extensión y realizar esta integración de tareas desde el papel institucional que le corresponde cumplir a cada individuo que opera como agente académico.

Responsabilidad universitaria, diálogo de saberes y conocimiento pertinente son por ende facetas diferentes de una misma realidad. El ejercicio de la responsabilidad universitaria lleva a una relación directa con su entorno para enriquecerlo y transformarlo, así como para ayudar en la suplencia de las necesidades y en la búsqueda de soluciones, por lo cual puede ser calificado con el apelativo de responsabilidad social universitaria. Ahora bien, ese diálogo de saberes con el entorno implica, por una parte, un aprendizaje mutuo universidad-sociedad que no solo es aprendizaje académico, sino aprendizaje social, y por otra un diálogo entre las disciplinas del conocimiento en cuanto pueden ser aplicadas en conjunto a la transformación y proyección social, lo cual se conoce como interdisciplinariedad. La pertinencia y relevancia del conocimiento se logra en la medida en que funcionen los indicadores de transformación de la sociedad, es decir, son los testigos del impacto social que se logra desde la academia. Como consecuencia el investigador, el profesor, el administrador, el estudiante y el proveedor de servicios universitarios ejercerán su responsabilidad en calidad de agentes universitarios a medida que sean capaces de conjugar las funciones universitarias como resultado de un proceso permanente de diálogo con la sociedad de la cual forman parte.

El ámbito social de la responsabilidad universitaria

Es claro que la pertinencia en cuanto tiene que ver con el diálogo de la universidad con su entorno, y con el cumplimiento de las funciones que le son propias en relación con el resto de las demás instituciones sociales corresponde a una característica propia de la tarea universitaria.
La relación de la universidad social con las demás instituciones sociales se realiza de acuerdo con las funciones que le son propias: formación de profesionales, investigación y extensión como prestación de servicios. Esta es la relación que establece con las diferentes agencias del Gobierno, con las organizaciones del sector productivo, con la banca y el comercio, con la industria en general, con los sectores de la política y de la cultura en sus múltiples manifestaciones, y en general con todas las agencias sociales. A dicha relación se la podría denominar ‘societal’, para diferenciarla de la relación ‘social propiamente dicha’, que tiene que ver con la problemática social, con las poblaciones denominadas vulnerables y con las necesidades que es necesario cubrir en búsqueda del bienestar y el desarrollo de los ciudadanos y del país en general.

Pero las circunstancias de la evolución actual de las sociedades modernas exigen que, además de dicha relación sistémica, se tengan en cuenta no solo las instituciones de la sociedad como tales, sino que además se considere la dimensión de los problemas y las necesidades que enfrenta la sociedad en su devenir. Es este ámbito de problemática social y de carencias y vulnerabilidad de las poblaciones el que le confiere una nueva dimensión a la responsabilidad universitaria.
Por eso, cuando se habla de responsabilidad social universitaria, no solo se refiere el concepto a la formación profesional de quienes pueden y van a ejercer un liderazgo en el manejo de las naciones y sus instituciones sociales, sino además la creación de una especial sensibilidad y de una orientación para que dichos profesionales actúen con una ética preferencial por lo público y para que se desempeñen con una orientación hacia el bien común, no solo a favor del beneficio individual. Esto es lo que podría entenderse como ‘formación integral’ del profesional universitario.

    La formación integral va más allá de la capacitación profesional, aunque la incluye. Es un enfoque o forma de educar. La educación que brinda la universidad es integral en la medida en que enfoque a la persona del estudiante como una totalidad y que no lo considere únicamente en su potencial cognoscitivo o en su capacidad para el quehacer técnico o profesional. El ámbito de la formación integral es el de una práctica educativa centrada en la persona humana y orientada a cualificar su socialización para que el estudiante pueda desarrollar su capacidad de servicio en forma autónoma del potencial de su espíritu en el marco de la sociedad en que vive y pueda comprometerse con sentido histórico en su transformación. (Orozco, 1999, pp 27-28)

Cuando se habla de responsabilidad social universitaria se hace alusión, además, no solo a los procesos de investigación capaces de generar nuevos conocimientos y ampliar los horizontes del saber disciplinario, sino que se pretende que dicho conocimiento sea útil para solucionar los grandes problemas que enfrentan cada una de las naciones o grupos locales en particular y la humanidad en general.
Cuando se habla de responsabilidad social universitaria se pretende también que las actividades y programas de extensión universitaria no solo sean de beneficio general para las comunidades, sino que tengan una orientación preferencial hacia las poblaciones que por su vulnerabilidad se encuentran en situaciones de inequidad y marginación social.

    La responsabilidad social de las universidades abarca un amplio conjunto de acciones y procesos que tienen como objetivo responder a las necesidades del entorno de manera oportuna, eficaz y con un alto sentido ético. Tales respuestas innovadoras implican la articulación orgánica de las funciones sustantivas de las universidades y el replanteamiento de su papel en la solución de los complejos problemas de las sociedades del siglo XXI. La RSU es el espacio que vincula el conocimiento generado en el contexto de su aplicación (científico, tecnológico, humanístico y artístico) a las necesidades locales, nacionales y globales. Se refleja en el diseño de políticas educativas que tienden a estimular una mayor correspondencia entre el entorno y los objetivos fundamentales de las universidades. Su objetivo es primordialmente promover la utilidad social del conocimiento para contribuir así a la mejora de la calidad de vida; por lo tanto, demanda perspectivas bidireccionales entre la universidad y la sociedad e implica la multiplicación directa de los usos críticos que tiene el conocimiento en la sociedad y la economía. (Herrera, 2009)

En la definición de la responsabilidad social universitaria se pueden encontrar por lo menos tres tendencias que priman en la actualidad: la definición pragmática, a partir de proyectos concretos que surgen espontáneamente en las instituciones universitarias; la definición ética, que define las tareas de beneficio social emprendidas por las universidades como expresión de un código de valores, y la definición en términos de gestión del impacto social, común con otras organizaciones sociales.
El modelo pragmático se da por la inercia propia de los programas de extensión universitaria, cuando además de la formación y capacitación de los estudiantes, las instituciones pretenden prestar un servicio social que en alguna forma ayude a subsanar los enormes problemas que padecen las poblaciones en las cuales se desempeñan como instituciones del conocimiento.

    El Programa de Servicio Social en Educación Superior Ascún/MEN se crea a partir de la coincidencia de inquietudes e iniciativas del MEN, en cabeza de su Viceministerio de Educación Superior y la Red de Extensión Universitaria de [la] Ascún. La innovación del programa radica en su enfoque: la comunidad es el eje del proceso, antes que la práctica profesional como centro de atención; de allí su nombre: Servicio Social de Educación Superior. Conviene entender el servicio social como un acompañamiento a procesos sociales, que tiene como meta aportar a la reconstrucción del tejido social en el país; de allí deriva su distancia con el asistencialismo. (Ascun/MEN, Programa de servicio social para la Educación Superior en Colombia, 2010)

Es algo que ocurre espontáneamente en muchas poblaciones, ciudades y países, y que corresponde a la sensibilidad social de los dirigentes y miembros de las comunidades universitarias. La tendencia es la ampliación de las funciones de extensión y la diferencia en cuanto a la gestión de estas en forma tal que se denomina extensión solidaria el conjunto de acciones que se dan en beneficio de las poblaciones desfavorecidas.
Al respecto es útil acotar:

    Progresivamente, la extensión universitaria se ha ido consolidando desde un enfoque que reconoce su naturaleza y sentido estructural como una dimensión social. Ella hace parte de los procesos misionales que posibilitan el cumplimiento de la función social de las instituciones de Educación Superior y que, independientemente [de] que genere o no recursos, tiene como propósito el desarrollo de procesos de interacción e integración con los agentes sociales y las demás funciones misionales. Dicha concepción busca superar la convencional distinción entre extensión remunerada y extensión solidaria, que obedeciendo a criterios estrictamente administrativos, oculta las dinámicas de la extensión e invisibiliza sus resultados académicos y sociales. (Ascún, Documentos de Trabajo de la Red Nacional de Extensión: Políticas de Extensión”, 2008)

El modelo axiológico, además de dar respuestas desde los planteamientos fundamentales de la vida y existencia de las instituciones de Educación Superior, justifica la inversión de las universidades en la prestación de dichos servicios sociales. Inversión que no es solo de recursos financieros, sino principalmente de dedicación y tiempo por parte de los profesores y los estudiantes. La pregunta que es preciso responder versa sobre los fundamentos valorativos que justifican dichas intervenciones. Al definir la misión y la visión de las instituciones se expresan los valores orientadores que son propios de cada institución universitaria. Al concretarlos se definen las características y alternativas que constituyen la orientación y ‘proyección social’ de cada institución. Dadas las diferencias de valores algunas instituciones asumen que la responsabilidad social universitaria solo se da cuando la institución trabaja por la transformación y modificaciones de las estructuras sociales (visión crítica);

    Lectura ética: una lectura comprometida con la realidad. La ética aplicada tiene una vocación práctica y un valor político. No es un discurso abstracto, ni sistemático, es un discurso ético […]
    ¿A qué nos queremos referir cuando hablamos de una presencia de una universidad responsable en la sociedad? Y adelantamos la respuesta: hace referencia a la presencia de la U en aquellas realidades de las que una U responsable debe encargarse. Todo lo que no apunte a una respuesta concreta sobre la responsabilidad de la universidad en un contexto de injusticia, desigualdad, inequidad, exclusión, es un falso debate y una débil aproximación de la RSU a las universidades. Es un esfuerzo a medias que no apunta, como decimos, a lo más sustantivo de lo que debiera ser la RSU. Es responsabilidad de la universidad la promoción de la justicia social […] (es decir, la transformación de las estructuras de injusticia y desigualdad de nuestras sociedades) […] Otra cosa son los cómos […] También importantes, y necesarios, pero no nos quedemos únicamente en los cómos (no nos quedemos únicamente en decir en qué es responsabilidad de la universidad formar ciudadanos responsables, o contribuir al desarrollo económico, social y cultural de nuestras sociedades, o generar nuevos saberes a través de la investigación y transmitirlos adecuadamente […] estos son los cómos de la responsabilidad universitaria […] Pero el quid de la cuestión está principalmente en resaltar que siendo la universidad una institución que influye en la sociedad, es responsable de canalizar esa influencia con una clara orientación transformadora de los ámbitos de vulnerabilidad social y económica presentes en nuestras sociedades. (De la Cruz & Sasia, s. f.)

en otros casos las instituciones ponen como razón y meta los propósitos de desarrollo, tanto a nivel nacional como regional,

    La condición de base para un desarrollo social sostenible universitario depende del grado en que los individuos puedan llevar a cabo la construcción de un verdadero sentido de comunidad que preserve no solamente la libertad sino que induzca a incrementar los estamentos de responsabilidad universitaria como forma de proyección social. Así germinó la idea de producir un salto intelectual, capaz de construir sinergia mediante procesos de aprendizaje diferentes, por medio de la reflexión crítica que permitiese generar condiciones institucionales y académicas, congruentes con el rol socialmente responsable de la universidad. En este sentido, se comenzó a trabajar en un ámbito proyectivo incorporado y formando al potencial humano bajo un criterio prosocial, constructor de un comportamiento altruista. Así la participación activa se traduce en un trabajo integrado que partiendo del estudio de necesidades regionales y en articulación transversal trabaja en principios de educación formal y no formal para validar el peso estratégico del capital humano para cualquier proceso de desarrollo. Dado que el fortalecimiento de la identidad y de la pertenencia suponen el reconocimiento de los aportes constructivistas que cada actor puede realizar a la propia comunidad, la universidad trabaja sobre el concepto de sostenibilidad ciudana que implica una participación multidimensional desplegada en un abanico que incluye trabajos de campo, intervinculación comunitaria, convenios con organismos públicos de la esfera social, encuentros abiertos, jornadas y otras actividades. (Cohen, 2007)

y proponen esquemas colaborativos con los planes y programas que definen el estado, las organizaciones de la sociedad civil, o las organizaciones internacionales y globales para la búsqueda de la equidad, como es el caso del cumplimiento de ‘las Metas del Milenio’.
El modelo gerencial de la RSU tiene como base axiológica la necesidad de ‘retornar’ a la sociedad los beneficios que las universidades como organizaciones reciben por parte de la sociedad, en forma que no solo se apoyen resultados a corto plazo, sino que se manejen los impactos sociales para que sus productos no solo sean de utilidad para la sociedad actual, sino que tengan en cuenta las generaciones por venir.

    La responsabilidad social es una estrategia de gerencia ética e inteligente de los impactos que genera la organización en su entorno humano, social y natural. Gerencia ética: Todos los potenciales afectados por la actividad de la organización deben de retirar los mayores beneficios y menores daños de ella. La organización debe servir al mundo, y no solo servirse del mundo. Gerencia inteligente: La gestión responsable de los impactos de la organización debe retornar en beneficios para la organización, cada vez que sea posible, para que la responsabilidad social de la organización sea una política sostenible y eficiente. Al ser socialmente responsable, la organización se desarrolla mejor en un entorno mejor.

    Esta noción de “retorno en beneficios” de las iniciativas sociales emprendidas es una de las más importantes, no porque ya no supiéramos ser solidarios de modo desinteresado, dar sin nada a cambio, sino porque la función de retorno del acto solidario en beneficios para la organización es la que le asegura la capacidad de aprender a ser cada vez más solidaria. El retorno en beneficios es la única garantía gerencial de que la organización se transforma realmente en un ente socialmente responsable, y no practica la solidaridad como un hobby, o un lujo. Luego, se trata de una garantía de sostenibilidad de la responsabilidad social en el tiempo, porque pasa a integrar la estructura misma y el funcionamiento diario de la organización.

    En cuanto a los impactos que genera la universidad en su actuar cotidiano, nos parece que estos pueden ser agrupados en cuatro rubros:

  1. Impactos de funcionamiento organizacional: como cualquier organización laboral, la universidad genera impactos en la vida de su personal administrativo, docente y estudiantil (que su política de bienestar social debe gestionar) y también contaminación en su medioambiente (desechos, deforestación, polución atmosférica por transporte vehicular, etc.). La universidad deja ‘huellas’ en las personas que viven en ella y tiene también su ‘huella ecológica’.

  2. Impactos educativos: la universidad tiene, por supuesto, un impacto directo sobre la formación de los jóvenes y profesionales, su manera de entender e interpretar el mundo, comportarse en él y valorar ciertas cosas en su vida […] Influye asimismo sobre la deontología profesional, orienta (de modo consciente o no) la definición de la ética profesional de cada disciplina y su rol social.

  3. Impactos cognitivos y epistemológicos: la universidad orienta la producción del saber y las tecnologías, influye en la definición de lo que se llama socialmente ‘Verdad, Ciencia, Racionalidad, Legitimidad, Utilidad, Enseñanza’, etc., incentiva (o no) la fragmentación y separación de los saberes al participar en la delimitación de los ámbitos de cada especialidad. Articula la relación entre tecnociencia y sociedad, posibilitando (o no) el control social de la ciencia. Genera actitudes como el elitismo científico, la ‘expertocracia’, o al contrario, promueve la democratización de la ciencia. Influye finalmente sobre la definición y selección de los problemas de la agenda científica.

  4. Impactos sociales: la universidad tiene un impacto sobre la sociedad y su desarrollo económico, social y político. No solo tiene impacto directo sobre el futuro del mundo en cuanto forma a sus profesionales y líderes, sino que ella es también un referente y un actor social, que puede promover (o no) el progreso, que puede crear (o no) capital social, vincular (o no) la educación de los estudiantes con la realidad social exterior, hacer accesible (o no) el conocimiento a todos, etc. Así el entorno social de la universidad se hace una cierta idea de su papel y su capacidad (o no) de ser un interlocutor válido en la solución de sus problemas. (Vallaeys, s. f.)

La gestión del impacto social se puede diseñar a partir de los resultados en el cumplimiento de las funciones universitarias. El eje valorativo es la calidad en el ejercicio de las funciones, la cual se puede medir mediante indicadores precisos y claramente verificables. El énfasis en la gestión hace aplicable a las instituciones de Educación Superior los principios generales que rigen a las organizaciones, por lo que sus concepciones teóricas y sus mejores prácticas se pueden predicar también de la universidad como organización, más específicamente como ‘empresa’ que es del conocimiento.


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