Humanismo y universidad
11 octubre, 2017
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Diseño curricular por competencias en la Universidad

“La universidad tiene que crear las condiciones para que los estudiantes puedan convertirse en profesionales responsables y puedan ejercer su profesión de manera competente.”

Angulo, 2008

Las metas educativas 2021 promulgadas por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) (2010), en sus declaraciones en torno a la ciencia, la tecnología y la universidad en Iberoamérica, proponen como objetivo el lograr una educación que dé respuesta satisfactoria a las demandas sociales tales como: mayor cobertura, calidad reconocida, equidad, inclusión y mayor participación de las diferentes instituciones y sectores sociales. Se considera que, especialmente, la Universidad juega un papel fundamental en la inclusión y cohesión social.

En el documento final de las metas se afirma que se deben seguir tres estrategias para lograr el desarrollo de la región: la primera se orienta a revitalizar el legado histórico y las señas de identidad de la región a partir de la multiculturalidad existente; la segunda, implicar a la sociedad en su conjunto; y la tercera impulsar el desarrollo científico-tecnológico. La esencia de las metas educativas es “la formación de una generación de ciudadanos cultos, y por ende, libres, en sociedades democráticas, abiertas, igualitarias, solidarias e inclusivas”. Frente a este análisis, las universidades tienen el reto de repensar sus proyectos formativos de manera que respondan a las demandas de la sociedad al tiempo que generan nuevas dinámicas de desarrollo.

La reflexión sobre el currículo universitario tiene como punto de partida la claridad sobre la finalidad de la educación superior, sus fines formativos, y sobre cuál es la función de la universidad en el siglo XXI. Atendiendo a Medina Moya (2013), esta función gira en torno a la producción, la reproducción y la crítica del sistema social, de la ciencia y de la cultura, para generar mejores alternativas de futuro y generar una universidad que forme hombres y mujeres preparadas para el cambio pero también más libres.

El currículo institucional aborda la cuestión del conocimiento necesario para un ejercicio profesional competente, es decir, una reflexión del conocimiento: sobre su origen, sus componentes y su relación con el trabajo que los profesionales desarrollan. Diseñar un currículo basado en las competencias exige de las universidades atender a la reconceptualización que se ha llevado a cabo sobre los fundamentos epistemológicos de las acciones que los profesionales realizan en el ejercicio de sus funciones. Esta resignificación de los saberes profesionales conlleva cambios en la forma en que se organizan, se recrean y se transfieren. Es decir, la competencia profesional hoy en día se orienta más a la práctica reflexiva que exige unos saberes flexibles y dinámicos para poder adaptarse a las situaciones cambiantes que la constituyen y los problemas éticos que le son inherentes, unos saberes que van mucho más allá de las teorías formales, abstractas y descontextualizadas. Realidad que constituye el reto de repensar la formación universitaria que se plasma en el currículo como proyecto formativo.

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