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Desafíos de la educación superior en Colombia

Es célebre la frase del filósofo español José Ortega y Gasset “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”, pensamiento que se aplica perfectamente a la responsabilidad de la universidad colombiana en esta situación histórica de la segunda década de este siglo, de cara a su misión en la perspectiva del complejo sistema nacional e internacional. Sin duda, la vigencia, pertinencia y sostenibilidad de las instituciones de educación superior están atadas, sin remedio, a las posibilidades de la construcción del nuevo país que necesita: consolidar la paz, impulsar el buen vivir y el goce pleno de las libertades de los colombianos, y afianzar una institucionalidad libre de la corrupción endémica que nos ha azotado durante décadas.

Es por eso que, la Universidad debe instaurarse, reconocerse, vivirse y comprenderse como una unidad de saber que tiene por naturaleza tanto la educación como la formación. No solo se educa la mente, también se educa el cuerpo. Juan Bautista de La Salle diría, la mente, el corazón y las manos. En ese sentido, la auténtica utilidad que confiere la educación supone formar en la versatilidad del intelecto y en el constitutivo de las relaciones interpersonales. Justo como una apuesta de diseño coherente con los tiempos actuales que exigen una respuesta valorativa y concreta, que impacte de manera recíproca los contextos. En esa dirección, a mi entender, hay cinco grandes retos para la construcción de la universidad colombiana del futuro:

1. Una universidad que forma ciudadanos

Significa la necesidad de privilegiar una educación diferencial, en la que se entiendan las limitaciones que tiene cada persona, su condición socioeconómica, y se le dé una atención individual pero en comunidad, de modo que se comprenda en las aulas universitarias que el objetivo de formar ciudadanos ennoblecedores del uso de la razón, formados de modo completo y capacitados para desempeñar tareas en sociedad de la mejor forma posible, no puede estar separado del anhelo y el deseo de un saber liberal (Newman, 2002) al que tenemos que aspirar como parte del fomento de una cultura intelectual, autónoma y responsable; tanto de las propias acciones como de las de los demás, a partir de la vida examinada y del continuo cuestionamiento histórico que posibilita la no repetición de actos contraproducentes a la naturaleza de la formación humanista y científica. Esto implica que se intuya que educar el intelecto y acostumbrarlo a hacer uso de la razón en las distintas materias y problemáticas del mundo global, supone buscar la verdad y saberla analizar, depurar y deliberar, como principio moral de decisiones congruentes, activas y pertinentes a los diversos desafíos, y no como un actuar indiscriminado de máquinas que suponen un sistema elitista en el que se sigue excluyendo a todo aquel que es diferente a mí.

2. Una universidad que forma para la transformación social y cultural

El problema del cambio cultural recrudece cuando estamos expuestos continuamente a la decadencia de todo discurso, ante el dominio de las múltiples formas de relativismo, ante lo empobrecido del debate y ante las continuas disfunciones del horizonte moral. Estos factores contribuyen, a más no poder, a la implementación de ideologías, a la producción masiva de la indiferencia y a la reproducción universal del miedo.

Por eso, se requiere una institución universitaria que genere ambientes de aprendizaje que produzcan cambio cultural y esto hace necesaria una mirada a las comprensiones curriculares, a las prácticas cotidianas, a los lenguajes, a los espacios universitarios, a los procesos de evaluación, a las intencionalidades en la formación de líderes y a la transparencia en el manejo de los recursos. Necesitamos esperanza, pensamiento crítico, innovación, trabajo en equipo, solidaridad, sanción social para las prácticas corruptas de todo tipo y voluntariado universitario en proyectos interdisciplinarios de largo alcance que lleguen a donde están los lugares abandonados de nuestra geografía. En síntesis, una universidad que haga la diferencia y genere impacto diferencial en la cultura del país.

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